Ella buscaba desesperadamente apoyarse en el pecho de alguien y mientras tanto cupido jugaba a no lanzarle flechas. Triste ironía pero era la pura verdad.
Pasaban chicos por su vida pero ninguno de ellos parecía el adecuado y mientras ella esperaba, cupido observaba como poco a poco ella se iba desanimando, como cada uno le parecía peor que el anterior y como se iba desvaneciendo la esperanza de que el chico adecuado llegara a su vida.
Sin duda seguía pidiendo el mismo deseo a las estrellas que pasaban por el cielo estrellado que veia desde el balcón de su pequeña habitación, se dormía
abrazada a la almohada de su habitación y soñando con las grandes historias de amor mientras no llegaba la suya.
Ella estaba preparada para el amor pero el amor no estaba preparado para ella.
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