Somos como dos corazones rotos que se intentan juntar, con cicatrices del pasado sin cicatrizar y con las lágrimas aun asomadas en nuestras almohadas.
Pude dártelo todo y en cambio he preferido abandonar la lucha, evitar llorar y dejarlo a un lado.
Intente esperar lo inesperado y en cambio sigo sentada en esa estación de tren esperando una señal o un tren que me lleve a un destino cálido, que asomen los colores que abandonaron hace tiempo mi vida y esperar bajarme en la parada adecuada.
Sigo leyendo los mismo libros donde siempre acaban con el mismo final feliz, donde con el tiempo siempre los protagonistas encuentran a alguien, aunque tarden tiempo y sus caminos se separen mil veces siempre vuelven a encontrarse.
Solo decirte que hoy no estoy sentada esperando ese tren como antes, hace tiempo que decidí no esperar, las cosas llegan en cualquier momento y no espero quedarme sentada a que lleguen.
Si el destino quiere que nos volvamos a encontrar que sea de imprevisto y que ese día, me sonrías.
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