viernes, 18 de abril de 2014

Ella estaba enfadada y no quería ni hablarle, apago el teléfono y miro a su alrededor. La gente bailaba y disfrutaba  mientras ella seguía pegada a su teléfono una vez más, recordando, bebiendo para olvidar y volviendo a un viejo vicio que hacia años que no probaba.
Pensaba como todo podía cambiar en apenas unos días, como en apenas unos segundos un simple mensaje había cambiado su cara, de como había sacado esa sonrisa para arrancarle una lágrima que hacia una carrera suicida hasta llegar a la pista de baile.

Por unos segundos el miedo nublo su mente, el miedo a perderle, el miedo a que todo esto se acabará con aquel simple mensaje en el que solo daba a entender con esa frase que se cansaba de no tenerla a su lado cada noche.

Esa noche tenía miedo a que la historia se repitiera una vez más, dado que esta historia se parecía a la anterior, pero solo en un detalle y seguramente en el más importante.

Ella pensaba como podía no perderle pero sin poder evitar que una lágrima recorriera su mejilla al pensar en poderlo perder, sabía que sufría en silencio porque tenía miedo a perder eso por lo que tantos meses había luchado y sin duda no quería permitir que eso pasara.

Cuando llega algo tan bonito a su vida con el que vuelves a planear mil y un viajes, el futuro.. quieres mantenerlo para no perder eso, las sonrisas que te saca cada mañana, esa felicidad...Y para eso hay que luchar por lo que se quiere hasta que no te queden ni lágrimas ni fuerzas con las que luchar.

jueves, 10 de abril de 2014

Pero mientras sácame a bailar los domingos, para curar las resacas de los viernes donde nunca llegas y yo me quedo.

Puede que no tengamos todo a favor y que nos pasemos mas de la mitad de los días mirando las cosas que tenemos en contra que las que de verdad nos tendrían que importar.

Nadie pide nada pero en cambio pedimos todo, ser los amantes de nuestros silencios, los acompañantes de nuestro camino, los confidentes de nuestros secretos, los soñadores que guardan nuestros sueños y en silencio todo.

Sabemos todo lo que hay y todo lo que podemos pedir el uno del otro, seguir pasando los días despertando hablando contigo, oír tus problemas y intentar ayudarte de la mejor manera que pueda aunque la mitad de las veces no sepa ni que contestarte, avanzar y no pararnos, seguir disfrutando de las tardes que pueda pasar contigo, cambiarme de sitio cuando no estoy a la derecha y de seguir pasando las tardes cogida de tu mano, picarme, bromear, soltándome y volviendo a ti.

Son pequeñas rutinas que a lo largo de las semanas me he acostumbrado a hacer y de las que no quiero desacostumbrarme mientras estés para que sigan.

Solo pido esos tres puntos suspensivos que den la posibilidad de que sigamos sonriendo y disfrutando uno del otro hasta que uno de los dos los quite.