Ella me espera en el coche porque sabe que necesito estar ese rato sola, que no tardare mucho, solo lo que me dura ese café para llevar que he cogido antes de subirme a su coche.
Camino despacio por el camino de tierra y esperando a que el barro no me manche demasiado las botas pero por fin he llegado, cojo la manta y me rodeo con ella, me siento en la fría y húmeda piedra, respiro y le doy un sorbo a ese café, pienso en lo rápido que se me ha pasado el tiempo hace apenas mes y medio que todo ha cambiado por completo aunque esto ya viniera de atrás.
Pienso en lo que he hecho en este mes y medio, como poco a poco han ido pasando las hojas del calendario y ahora que llega ese día, ese que tenía marcado en el calendario, en los planes y como ahora ya no hay nada que celebrar, nada por lo que reír ni por lo que llorar, me paro a pensar si hice bien.
Luego pienso, pues claro que hiciste bien, alguien que no te valora, alguien que sigue disfrutando de la vida como si todo ese tiempo juntos no fuera nada, que intenta volver como si nada pasara, pues claro que hiciste bien.
Siempre hay tiempo para recuperar la sonrisa, para que te la saquen y para que tu se la saques a alguien otra vez, que pasara el tiempo y que volver atrás no es una opción y seguir adelante es una obligación, que queda mucho camino por recorrer y mucho que aprender.
Yo se de dos personas que mañana brindaran a las doce menos cinco por ellas mismas y por un futuro lleno de ilusiones y sonrisas pero sin duda sin perder la que ellas tienen.

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